viernes, 6 de julio de 2018

Cuando acabe el juego


Cuando el calor de nuestras patas
y tu rostro en el mío desaparece la pregnancia
de la noche y llovía
llovía y querías vernos antes de que bastara
de que bastara la lluvia
de que bastara el anhelo
entonces cayó la última lluvia
y no, no se había acabado el juego.

Cuando sobria tu comisura
de labios flacos sosteniendo
esa humedad perdida
se perdía en ti mi palabra
de caer en el sueño correcto;
pero no, no se había acabado
no hasta que pensaras en mi silencio silbado
hasta que cantaras mi huida
hasta que me pidieras de vuelta tu chaleco de cachemira.

Hasta que me lo devuelvas me decías,
y yo pensaba otra vez en perspectivas
de que por un día te veía
y si te veía sin el día
no me importaba el secreto
de que no me conocías,
de que ya no llovía
de que podíamos olvidarnos estando así quietos.

Deslizamos más tarde
respiramos las arrugas
deslizamos como si un río ácido deslizara nuestros dedos
sobre el vértigo de los huesos 
deslizamos también el tinto navegado
ese vino que hervía ajado.

De ti y de mi hicimos deslizar un cantar de sombras
para imaginar que ya no quedaba frío
y del frío hice deslizar una nota
que nos obligó pronto a acabar con el juego.

Entonces sonreíste,
te reíste a carcajadas 
te reíste y me reí contigo por pensar que yo lloro,
y no sabías
no sabías que a la sombra sola la lluvia le da pena
no sabías que de querer, que de eso no se nada
si no es un querer que perece
que parece vida y luego sea agua agria.





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