viernes, 4 de agosto de 2023

Después de un mes viajando escribí solo una cosa que escuché de un italiano: "prefiero estar en este aire con olor a basura que al menos tiene más vida que ellos"

lunes, 26 de junio de 2023

si pudiera
escuchar tu voz
repetirme en 
voz bajita
(mutación desaparecida)
que estás ahí
pensando
que me llegue
ese beso retrasado:

primero el sonido
luego el gesto.

jueves, 15 de junio de 2023

es peligrar
la conciencia, el
líquido amniótico que me conserva
aquí dónde no hay nada
allá el vacío
entre deseos hurto
un movimiento falso
que parece como si me zambullera en el agua salada
y la piel roja rechina
pero no,
nadie la escucha.

es peligrar
perder el sentido a la tristeza
es no perder más y así
hundirse en el
líquido amniótico que me conserva
como si,
recién nacida o quizás antes de
sin saber ni siquiera llorar, 
sin saber ni si quiera llorar
no hay nada que duela tanto
tanto así

La inquietud persistente

de que se me pase

la vida entre cementerios.


Garage psicodélico

 


Garage psicodélico

domingo, 21 de mayo de 2023

Soledad

Les finjo cerca,

tangible nuestras manos acariciándose mis ojos que huelen tu quietud escondida

Les finjo cerca,

abismo importuno que precipitadamente suelta riesgos lenguas 

mezcladas caricias sonrientes y luego

mi mirada hacia atrás revela la grieta del espejo 

les finjo cerca, cerca del precipicio 

en que para siempre el mañana es la despedida

de nuestras ficciones narradas como prensa escrita

hacia una rotunda caída del poema forzado:

que revela la jaula en la que me encuentro

donde vuela el pez cansado de replicar su nado

que revela la jaula en la que me encuentro

siempre llena, siempre vacía. 



Primer capítulo

Me despedí de ti el último día de invierno del año 2022. Tu pelo estaba peinado hacia atrás y llevabas un pinche negro con una cuenca brillante. Me senté a tu lado mientras almorzabas. Primero una sopa verde y luego leche nevada. Lo comiste todo. Me mirabas mientras pestañeabas como si intentaras dilucidar quién era yo. Quién era y qué hacía acá a tu lado. Te di un beso en la mejilla y apoyé mi cabeza en tu hombro. Luego te pedí que nos sacáramos una foto, a lo que accediste (o eso creo) porque no hablabas, hacía mucho tiempo que ya no podías hablar, apenas murmurar. Carmen tomó tu silla de ruedas y te llevó a un lugar en donde consideraba apropiado para fotos. Me puse a tu lado y -continuando el ritual que tantas otras veces habíamos realizado, mecánicamente, tiernamente- me abrazaste y sonreíste hacia la cámara. Le enseñé a Carmen a usar la Pentax y el obturador sonó fuerte. Luego tomé mi celular en caso de que la fotografía análoga no saliera o no la pudiese revelar luego. No podía dejar pasar la quizás última foto que me sacaría contigo. Murmuraste algo. Luego te miré a los ojos y tus ojos grises me miraron de vuelta. Caídos, sonriendo, de niña, inocentes. Me miraste y me preguntaste a dónde iba. Yo no te había dicho nada, pero quizás escuchaste –pensé-, o quizás lo intuías en mi mirada desesperada queriendo guardarte. Te dije que me iba de viaje a donde vivía tu abuela. Te dije que iría a buscar nuestras raíces. Me dijiste que hablara con la Mila y yo te dije que sí, que lo haría. Pero la Mila ya no estaba viva hacía algunos años, vivía solo en ti, en tu memoria fragmentada, en tu recuerdos seniles, en tus viajes al pasado. Luego me miraste a los ojos y los abriste muy grandes. Cómo si algo en ti entrara en ese minuto en que parecía que estabas entre la tierra y el cielo. Me dijiste: “te va a ir bien, vas a estar mejor”. No entendí cómo sabías que me iba, que me despedía de ti, que no estaba bien, y que iba a estar mejor. Me diste la mano y me miraste con dulzura. Te abracé la noche una última vez esperando quedarme con tu olor para siempre. 


 

Lo dejo pudrirse mientras arreglo el exterior. Así al menos desde afuera se ve decente. Así nadie se da cuenta de que no hay nada adentro.  Ojalá nadie se de cuenta.




martes, 26 de julio de 2022

Qué fue de mí estos doce meses

a dónde estuve

Era yo o la imagen detenida de mi futura ausencia.


Pensamientos, palabras, obras y omisiones

De pensamientos, palabras, obras y omisiones

como incauta cristiana

nos dejé partir sin mirar atrás.

Me pudiste haber gritado 

y te juro prestaba oídos a

la rama quebrada de nuestros gestos separados.


El tiempo se había tomado una siesta,

y para mi oportuno fue el paréntesis

en qué voté por el extravío

de nuestro hueco en este mundo.


Y ya no hay desvío que nos devuelva

esquina topante, ángulo panzudo

ya no hay grito respirable

que me entregue tu olor perdido. 





lunes, 11 de julio de 2022

Ausencia

"...Ya no sé, amigo, vivir alegre
como en un tiempo que ya se fue
tu amor ausente me tiene triste
nunca olvides quien te quiso bien
si acaso olvidas a quien te adora
a quien un día el alma te dio
mañana acaso lánguida y mustia
sobre su tallo muera una flor
y su perfume no vuela, no."

Violeta Parra

jueves, 30 de junio de 2022

martes, 5 de abril de 2022

De mi cruje la ida

De mi cruje la ida
desde el día en que me dije quedémosnos.
La despido cada cierto tiempo
obviando lo absurdo, el disparate
de decirle Adiós a lo marchado.

lunes, 18 de octubre de 2021

Hacia el agua

Núblame pero sin darme cuenta
como si todo
dejase así un frío añejo
erizado de riesgos

Porque el humo flota hoy
y solo me queda:
un recuerdo inventado
que paseo de la mano
hacia el agua

flota.





martes, 25 de mayo de 2021

coincidentes

Hacer como si no huele
para no viciarnos importunos
si bien el consuelo ya es un juego
de toparnos coincidentes.

Por que si no
hacemos del propósito
la mala suerte
el fantasma añejo que rompe

los suelos nómades 
las líneas extranjeras
el café aguado
la ida como precedente.







domingo, 16 de mayo de 2021

Como suele la ausencia

Suelen caer las piedras de forma contraria
pueden pedir y estar sin decir su rezo
coloréandolo entero.

Sabes caer y doler como suele la ausencia
y si te dicen que no, llamaras el beso
de la muerte en su fiesta
y los días que ya no son gloria.

Pero si vas,
dejará la lluvia seca
y en su bailar
caerá.

Suelen los días velar a los muertos presentes.
Nada que quede, sería su alma que duerma
pero se van lejos
a tocarle a los vivos las piernas.

Y en su lugar
quedaré esperando añeja
que ya no esté.

Suelen las voces cantar cuando ya no hay nada
regar la flor que brotó en la calle desierta
dejaría a la suerte
que nos de otra forma de niebla.

Pero hay más
Que la sal de la tierra
para jugar.

Como si durmiendo uno desapareciera

Dos números eran, ¿o no? Uno, y mañana otro. Y luego qué. Y si tomo esta silla, acá se agranda. Se agranda lo suficiente  para que pueda sentarse. Dos números, el primero y luego el otro, ahí le dicen si sí o si no. Un examen, dos resultados. Su brazo tiembla solo. No puede detenerlo. Y la fiebre que le irrumpió el otro día, algo es, algo debe ser. Se lo dijo también el cura, se lo dijo sí, le dijo que sus palabras iban a ser cobradas. Si de pequeña se lo dijo, imagínate ahora. Son dos días, dos números. Y además solo puede contar de arriba hacia abajo. Y no cuenta de abajo hacia arriba. Solo 100, 99, 98. Nunca puede decir uno, dos y tres. Qué significa eso. La silla se agranda para que ella pueda sentarse... 

Un árbol en medio de un desierto... 

Si su mano sigue temblando, en algún momento le dará un calambre. Y el otro día su ojo enrojeció toda la tarde. Como si sangrara. No puede ser. Un examen nada dirá de eso. Tendré que llevarla de nuevo....

Un árbol en el desierto, el tronco se descama. Se diluye y transforma en arena... 

Y si no la revisan entera, y si queda un examen inconcluso. Como pasó con... 

El desierto y un árbol, el árbol desintegrándose. Unas manos arrugadas caminan por la tierra. Se ensucian a medida que camina... 

Debo entregar el papel antes del 5 de mayo, el cinco de mayo es la fecha límite. Hasta el cinco de mayo me dieron, no se me puede olvidar. ¿A cuanto estamos? ¿qué mes era? 

Arena que se mueve bajo los pies, el árbol que empieza a crecer. De abajo hacia arriba, las ramas dadas vueltas, se estiran como si fuesen a atrapar algo. El cielo nublado... 

¿Qué estaba pensando? No puede ser que lo haya olvidado, qué fue lo que dije, qué tenía que hacer. Quizás si vuelvo atrás a los pensamientos anteriores lo recuerde. Uno, dos... Dos exámenes, no... Una silla que se agranda para que pueda sentarse. Uno, dos resultados. La Melita, su brazo que tiembla solo. Contar, contar de 100 para abajo... 

Un bosque de un color irreconocible. La luz de una estrella asoma por la cúpula de las ramas. Ella escala el árbol en busca de algo en esa luz. Hay una casa, de madera arriba de ese árbol. Tiene muchas piezas. Un laberinto. Cada esquina la devuelve al inicio. No sabe que hurgar primero. La luz de la estrella aparece de nuevo. Luego empieza a tintinear. La frecuencia del tintineo disminuye, cada vez la estrella está más apagada que prendida. Teme a la oscuridad. Ve sus manos llenas de tierra. Ve la arena debajo de sus pies. Si pudiese ver su cara, probablemente no la reconocería. Una voz suena a lo lejos. ¿Trajiste el martillo? Le preguntan, ¿qué martillo?. El hombre la mira con enojo. Un cuerpo en el suelo. ¿Qué cuerpo? ¿Ese cuerpo era mío?. Manos llenas de tierra, cemento bajo los pies. La luz de la estrella deja de tintinear. ¿Trajiste la cruz? 

El cura. El cura le dijo que sus palabras iban a ser cobradas. ¿De qué tenía que acordarse? Un pensamiento importante se le había escapado de la cabeza. De ese pensamiento tenía que acordarse. Luego venía el cura. El cura y el brazo de la Melita temblando. Pobre Melita, que debe estar cansada de que su brazo tiemble. Y el otro día incluso no pudo comer. Sentía que no podía tragar y respirar al mismo tiempo. Que lástima la Melita. Que lástima yo que no puedo dormir. Cuánto rato habrá pasado. Cuántas horas me quedarán de sueño. Mañana es el día uno. Me deben quedar pocas horas. ¿Estará durmiendo la melita? O su brazo que tiembla seguirá manteniéndola en insomnio. Pobre Melita. Quizás debería llevarle unas galletas mañana. Quizás una galleta si pueda comer. Las puedo hacer de avena con canela. Agregarle un poco de plátano. Así aprovecho los plátanos maduros. El cura me había dicho algo importante, ¿qué fue lo que me dijo? Ya no me queda espacio en los huecos de mi cerebro. Aparece algo y se va. 

El hombre se va. Solo se ve su espalda marcada con una silueta negra. En su mano arrastra un fierro, o un palo, o algo cuya materialidad no reconoce. Mientras avanza el fierro, palo o lo que sea se dobla a medida que toca el suelo. Debe estar caliente, piensa la niña de las manos con tierra. Debe estar caliente el palo para que se doble cuando toca el suelo. Corre, toma el fierro con la mano y lo suelta. Hace como si le doliera, pero en realidad el dolor no existe. La cotidianeidad le dice que dolió. La luz de la estrella aún no tintinea. Un cuerpo. Un cuerpo en el suelo de tez morena desnudo. ¿De quién es ese cuerpo? ¿Quién lo puso ahí? Sus manos teñidas de negro por la tierra. Sus pies bailando arriba de la arena. Un martillo que aparece en su mano. ¿Trajiste el martillo? Le dice un hombre con el ceño fruncido. La niña le pasa el martillo. El sonido de un golpe que retumba. El sonido retumbando en sus oídos. Un sonido que no deja de retumbar. La estrella que tintinea cada vez más apagada. Un sonido que retumba por última vez y un vidrio que cae y se rompe encima de sus manos. La niña de las manos con tierra ahora sangra. La sangre recorre sus manos pero no duele. El dolor solo es cotidiano, el dolor solo es asustarse. La estrella tintinea como si advirtiera su ausencia. Ella mira al cielo una última vez. Hay una casa en el árbol que se desarma. Un gato corre escapando de la madera que rueda hacia el suelo. ¿Trajiste el martillo le dice el hombre? Sus manos vacías, su piel temblando. El brazo tirita, tirita tanto que le cansa. Su garganta no traga. La niña de las manos de tierra empieza a contar, cien, noventa y nueve, noventa y ocho, noventa y siete. La estrella tintinea. Su ojo se enrojece. Se enrojece tanto que asusta. El cura le dijo que sus palabras serían cobradas ¿O contadas le dijo? ¿Qué fue lo que le dijo el cura?