domingo, 14 de mayo de 2017

Matilde Ladrón de Guevara

Poema del Libro “Amarras de Luz” 1948.

QUISE SER LA DIOSA QUE CAUTIVA

Desde el bruñido bronce de tu cara
y el hondo gesto de tu altiva frente
me miraste y sentí una llamarada
que nacía en tus ojos envolvente.

Había en ella una inquietud curiosa,
llena de rebelión y de desvelos
como esperando que una joven diosa
cayera a tus pies desde los cielos.

Y quise ser la diosa que cautiva
y ser también la sierva enamorada
y sentirme a tu lado, sensitiva,

Para amarte y estar atormentada
y apaciguar mis ojos en tu vida,
en tu mirada triste y desolada.





Poema del Libro “Desnuda” 1960.
DESNUDA

En medio de mis rosas, tu cabeza.
Siento latir tu propio pensamiento.
Y la espada jadeante de tu aliento,
entra, activa la luz, en mi belleza.

Con una queja besas la tibieza
que te ofrezco. Alígero y sediento
tu amor es como el fuego y como el viento:
pulso fugaz de la naturaleza.

Queman tus nervios rosas ancestrales.
Me educas en tus cálidos rituales
y me bebes en copas prodigiosas.

Quiebras el tiempo. Creas el olvido.
Abres la eternidad sin lo vivido,
con tu sol abismo entre mis rosas.

Diamela Eltit


Diamela Eltit - El infarto del alma

Paul Verlaine

PASEO SENTIMENTAL

Lanzaba el poniente sus rayos finales
Y mecía el viento pálidos nenúfares;
Los grandes nenúfares junto a los juncales,
Lucían tristemente sobre el agua quieta.
Paseando mi pena, solitario erraba
Cercano al estanque por el saucedal
En que la neblina fingía un enorme
Y desesperado fantasma lechoso
Que llorara con rumor de cercetas
Cuando se llamaban batiendo las alas
En los saucedales, donde erraba solo
Paseando mi pena; el denso sudario
De las sombras supo a ahogar los finales
Rayos del poniente en pálidas ondas,
Entre los nenúfares, junto a los juncales,
Los grandes nenúfares sobre el agua quieta.

Emily dickinson

19

Un sépalo, un pétalo, una espina,
En la humilde mañana de verano -
Un poco de Rocío - Una abeja o dos -
Una Brisa - Una Broma allá en los árboles -
¡Y ya soy una Rosa!

294

Los Condenados - miran hacia el Alba
Con Gozo diferente -
Porque - cuando se encienda en otras tierras
Seguramente no la verán más -

El hombre que - mañana - va a morir
Al Pájaro de la Pradera atiende - 
Porque su Música agita el Hacha
Que clama por su cabeza -

Dichoso aquél - a quien el Alba anuncia
Un Día Enamorado -
¡Dichoso - pues el pájaro de la Pradera
No le Trae Elegía!

761


Del Vacío al Vacío - 
Un camino sin Hilo
Que recorro con pies Mecánicos -
Parar - o morir - o avanzar -
Me es indiferente

Si el fin gané
Termina más allá
Indefinido y revelado -
Cerré los ojos - y avancé a tientas
Era más luminoso ya - ser Ciega -



viernes, 9 de diciembre de 2016

IX.

IX.

He acabado dócil  e indolente
buscando que el lirio sobreponga la suerte de abril,
para así ser al púrpura,
y ser al  cretino
y ser a quien persista en la lucha
de baños injustos con caderas encorvadas.
Buscando destruir palabras
destruir poesía
destruir el olor.


VIII.

VIII.

Su mentón acaece con el viento a mi regazo
me postra su rostro en ambas manos para sostenerlo
la imagen arde dispersa y cristalina
mojada, muy mojada por las lagrimas
que apegadas al vacío, colonizan
la voz de su recuerdo.

La primavera diré de su audacia,
los ángeles luego de su delito,
el fresno sanará nuestras heridas
el frío nos obligará a abrazarnos
empedernidos en una sedienta mentira.

Me verán reír dividida,
mi cuello, mis hombros, mi boca.
Me verán ocultar las rocas
cuyo peso partió repartido
y así en su piel se asomará el coraje
de la sangre, del espanto de nuestras risas.


El trueno inquieta el oleaje
con el cual limpio mi boca del vino
con el cual riego las flores que me alimentan
con el cual me cubro de la gruesa espina.

La imagen ya arde dispersa y cristalina.

VII

VII.

Desperté con ansias
de hacer de la ruina un río.
Acomodar mis pies de amparo
en la piedra del sol
en el reflejo de espuma.

Quise rellenar
el aire de las rocas:
la tristeza, lo vulgar,
el desinterés, la pasión.

Exhibir cautiva
la gnosis de los sabios
de los ignorantes
de los mentirosos.

Las flores se incrustaron
en mi esternón
para no dejarme respirar.

VI.


VI.


He bebido de mi sangre
para anestesiar las punzadas
diletantes de la muerte.
Vacío soplos
que exorcizan deseos
de devorar la patria
con bocas de plástico gastado.

Mi voz de contralto
o contraluz quizás
por cautela susurra
como escucharía uno a una pluma
que calla aún el rocío.

Le pedí que cuidara
del cariño
camuflado.
Mi capricho se burla hoy
del pájaro ciego
que emprendió rumbo.




V.

V.

Quiero curtir
la nieve frondosa
de encauzar el sentir
frío de esta mañana.

El parásito afiebrado
mantiene la ilusión
de un sueño enclaustrado
en un palafito.

Entregué alguna vez
el juvenil sosiego
que familiarizaba
la esperanza.

Flotaba como hábito
acorazado,
como si el hambre:
opacara.

En una pecera
nadaban pacientes
los peces enfermos
sudando.

Sudando para nadar ligeros
sus torsos.
Para el desahogo:
sus versos honrados.

Persiguen hoy sus aletas
de detalles hermosos.
Evitan las grietas pigmeas
condecoran su piel de culto.

Escapan luego de vidrios rotos
así sus cantos vibran
en curiosos poemas.


IV.

IV.
Pensamientos cancroideos
curvan la cura
que  anhelo.

II

II

Dudar del viento
del frío de noches espesas
de humos jadeantes
girando para no tocarse.

Dudar del suspiro como si supiera
que blanco el barco parte
cuando es su fortuna
no volver.

Se remoja la incerteza
de tormentas irritadas
como fantasmas de tubérculos
cuya sangre vive y solo drena.

Desarraigo la lucha
que el almácigo ha llorado
y llorará hasta su alivio
hasta su fin y sosiego.

Arránquenme
de mi juicio.
para transitar
sublimada a los sueños.

Corten mi tallo
que ha probado
marchitarse.

Viertan el agua
en una fuente más digna.


Fraccionen mi tierra ya repartida. 

I

I

Hay  un llanto apoteósico
afilado que invade
mi pellejo de infancia.
voraz.

Mastico la suerte
para perpetuar destellos
desvergonzados de cólera
basto.

Atraviesa una pequeña;
una pizca de lágrima apresurada
por entesar
tus brazos

entre medio un baile
enternece inmediato
la piel que cubre
nuestro pálido silencio.

Callada estás porcelana
pórfida semilla sola
tú serena y olvidada
ríes para ahuyentar.

Me gustaría mirarte
roer mi alma afiebrada
bordear el lío de angustia
recoger pétalos del suelo

asfixiar la curiosidad
que en retazos de congojas
retorna tersa como
un desafío.



sábado, 3 de diciembre de 2016

Fragancia que sangra

Hacia el cielo la soledad ha de abrirse envuelta en silencio
arropada en mantos que secan la saliva del hombre.
La soledad ostentosa enorgullece a su víctima
para dar con su infamia débil en agonía.
Se pronuncia el alma inhibida por tanta habla
entre pactos, promesas y voces que mudas ya no viven.
Es la fragancia que sangra cual nota hacia su cuerpo
de pétalos cerrados de noche de desierto.
Necesidad olvidada de un querer ido
callado amor cuyo sentido se escribe
horrorizada ya su fuente culmina
sentenciado a fallecer y a extinguirse
su vehemencia de tren huído.