sábado, 17 de abril de 2021

440

Con la mochila sobre mi espalda tropecé con el 440 de la calle Alberdi un día de Junio. El ya me esperaba y me saludó con sus labios. Había pasado medio año sin vernos pero se sintió cotidiano como ir cada semana a comprar verduras. Aún así no nos conocíamos. 

Unos días antes de año nuevo nos miramos por primera vez. De noche en la disco que visitábamos cada viernes con mis amigas. Esa noche bailábamos uno al lado del otro, como una dualidad literaria. No sabía su nombre. Solo sabía que sus ojos algo me hablaban aunque el no lo supiera. Luego nos encontramos afuera. Parecía que ese día y a esa hora nos tocaba conocernos. Caminamos, tomamos la micro juntos, luego nos despedimos. Los días siguientes lo busqué como si hubiese perdido mi billetera en su cuerpo. Fue año nuevo, lo celebraba con mis amigas y me acordaba de su olor mientras miraba mi celular esperando que ojalá me hubiese encontrado antes que yo a él. Me parecía ridícula mi insistencia. 

Un día encontré su número y hablamos. Ese mismo día nos juntamos en Ñuñoa de noche. Y así los siguientes días empezamos a impregnarnos de nuestros aromas, transformándolo en una esencia en sí misma, particular, densa. Por ahí me enteré que vivía en Buenos Aires, que estudiaba allá, que pronto se iría. En conjunto decidimos sin decirnos, aburrirnos el uno del otro. Exprimir nuestra presencia mutua. Agotarnos sin hacerlo evidente. Así parecía menos dolorosa la despedida. Si nos mirábamos hasta el cansancio, hasta hacernos insoportables, no sería difícil su partida. Pensábamos en el final de lo que vivíamos mientras lo vivíamos. No había de otra. Me preguntó una vez si valdrá la pena dejarlo todo por tenernos. Recuerdo decirle que no. Habíamos quedado en vernos por última vez el día en que se iba. Y ese día no nos vimos.

Un día de mayo, antes  de comprar el pasaje, me dijo que no lo hiciera. Que no viniera a verlo. Que había conocido a Victoria y que necesitaba una felicidad a largo plazo. Yo le escribí que entendía. Que le deseaba lo mejor. Pocos días después me escribió pidiéndome que fuera. A mi no me parecía buena idea, creía que el tenía razón diciéndome no. Nos veríamos por un momento precioso pero efímero, luego me tendría que ir. Era claro que el tenía que optar por una compañía que no lo dejara. Y yo, también. Me insistió luego. Le dije que si el quería que fuera, iba a ir. 

Un día de Junio tropecé con mi mochila en el 440 de la calle Alberdi. Los nervios me atragantaban pero se sintió como cambiarle el rollo a una cámara analóga. Fue automático. Nuestros cuerpos se conocieron antes de habernos visto por primera vez. Sus ojos me hablaban, antes de saber su nombre. Sus palabras encajaron con las mías como si estuviésemos con la misma canción en repeat. 

Dormimos abrazados las siguientes noches. Me traía café en las mañanas. Tomamos birra y sentimos el viento frío de Buenos Aires en invierno. Una noche hice la mochila y me fui antes de mi fecha de regreso devuelta a Santiago. No nos despedimos. Tampoco nos agotamos.

lunes, 31 de agosto de 2020

De que se escribe

De qué se escribe cuando se dice
que este tiempo sostenido como puntada
no se agúa más que el agua de la salsa en sobre
de la salsa de tomates que rellenamos
una vez más pa’ que no sobre nada
que se dice
de ese tiempo que se ve desde la ventana
un brillo rosa celeste encima del cielo
que me hace querer
pero desde lejos
que nos hace mirarnos por el reflejo
de nuestra grasa pegada al vidrio
para hacer así
así como que sentimos
ese atardecer que ya a nadie le sorprende.
Porque ya todos los edificios están pintados azules
nuestras caras están pintadas azules,
ya nuestros ojos están pintados azules.
 
 

miércoles, 6 de mayo de 2020

Memoria

Cuando un final se avecina, la memoria se activa. Nos anticipamos, buscamos controlar algo de aquella muerte que se nos viene encima, a través de una constelación de recuerdos, como diría la Nona.  Fantaseamos con esa memoria, como si jugásemos un juego, encestar aquello que hace falta para reconstruir este pasado que se acerca cada vez mas eminente. Llenar anticipadamente ese vacío que pareciera emerger, pero, en realidad siempre ha estado espectante. Y así, preludiamos la memoria, con todo aquello que pudo haber sido olvidado, que pudo haber sido no-dicho, no para decirlo, claro. Si no para hacer de ese vacío algo realmente retorcido.

martes, 26 de noviembre de 2019

a mi me lo enseñaron


Mi cuerpo enseñado a maniobrar con restos culmines de evidencia al hacerse parte de, que prendido de un suelto escombro de vejámenes, cariños crudos como si de la saliva emanaran huecos, burbujas que flotan en un prometer de sincronías de grillos, o aves o niños emancipados de su brutalidad, cantos que se asemejan a ese hoyo que de lleno me dices que elaboro. De esas enseñanzas mi cuerpo aprendió a querer.  Como si el querer fuese de un bruto hombre que a veces te toma de la mano para que nos vean así como si. Entonces mi mano recibe aquella muestra graciosa y me río, porque creo que es ese amor el que, el que, el qué. El que me dice que no tendrá rencor si de mi salen resquebrajos, o dolor. De ese cuerpo aprendido es de donde me paro al escuchar tu voz que me quiere como a nadie y como si nadie quisiese sí. Y del dolor caigo por no poder entregarte lo que siempre te pude entregar, mi no existir adornado por el silencio que a ese le llaman, o de mi llorar que te haces parte para guardarlo como si fuese eso lo que conservas para ti.


martes, 12 de noviembre de 2019

Fractura

Te teníamos adentro
nos hacía ser vacío
de postiza importancia
o de voz que asemejada a un grito
insoportable se callaba
como si detrás de tanta fractura
no quedara ya sino espacio de muerte
esa muerte que no, ya no es palabra
ni figura móvil colada,
es muerte que yace,
de repente amorfa en el cuerpo
como sustancia ausente
que es y no es nada


jueves, 15 de agosto de 2019

voz hurtada

su voz que me la privaron destos días
ahí en los ojos aguachados
insatisfechos como grietas
-sí que los ojos tienen voz-
me decía ésta que me aquiete
y luego todo lo contrario:
tal como me movía
buscándome otros ojos callados
que me dijeran si acaso o servía o
si mi calma ya no pertenece,
perdida me aguaba en las señales
desos gestos de su voz hurtada.

jueves, 30 de mayo de 2019

el acaso


Cómo pensar en ambos
cuando tus ojos embarquillados por el sino
no me dejan ni poder quererte tanto
achicando el fastidio de la vuelta al ocaso
que en breves segundos respira
para adentro para adentro irse
y nos obliga a preguntarnos
si acaso va a volver
si acaso no lo sabemos
y no
no me digas que no
que la ida permite un amor que no acaba
que el olvido te hace a ti sentir aliviado.

miércoles, 3 de abril de 2019

Olor


lo huelo al correr de trazada a la cotidianidad
de estar groseramente intacto frente
a los hechos placenteros tú solo sabes que
de mi ya quedó casi
sin quererlo:
mi piel blanca
cuya flor de puntos procesan
el olor expedido de la mujer del mall
que de la registradora hacia afuera ya no
toca nada
ni del sabor de unos culpables de creer
que de si mismos sí son 
en un
para mi 
que me peino una y otra vez mientras escucho
la voz de belleza ronca
decirme donde vivir si sol habrá mañana
o a quien remanguerearon hoy los civiles que
mueven sus caminos de
la tierra de hombres
de piel comercializada
para retenernos
grotescamente olernos cuerpos bañados
poner de frenos nuestros pezones
de inconexas oraciones
para no solo después vernos unos minutos 
en sueños que
ya son casi séis horas
sumadas, si las sumo sí
ya son séis horas.

viernes, 15 de marzo de 2019

mujer de nadie


Perece la calma descompuesta en
tierra de cadáveres; fosas de huesos

la sujeta el muerto hombre que vive regándolas para quien
para quien si vivos
no
quedan
ya cuerpos ya recuerdos 
que de cuerpos: larvas.

para hacer de un poema un
un cementerio
abúlico
ó el rejuvenecer de sus almas disidentes.

cuan brusco puede ser hacerte a ti versado
si no existe la letra no la forma no el hueco
si no existe tu cuerpo tendido enterrado

en tierra de cadáveres en fosas de huesos

si no existe ella si quiera muerta si quiera viva