Sigue disfrazándose la luna,
se espolvorea para callar los lunares
o cráteres
que vierten sus ojos en un clavel
marchitado.
jueves, 15 de mayo de 2014
sábado, 10 de mayo de 2014
Divinidad
Apareció en mi el fruto de un
divino paradero cristalino. En él,
me pierdo como si, cubiertos de humo,
mis ojos anunciaran la ida.
En él mis manos cubren otras manos.
En él reparto pétalos de rosas
como si pudiese ser mensajera
de lo glorioso.
Yace mi alma perdida,
y solo en los amaneceres de noches tormentosas
pareciera florecer como un velo
que escapa de la belleza
de un cuerpo desnudo.
Se reflejan los rayos matutinos
en la piel blanca y devastada.
¿Protégeme del daño, una vez más?
Hurgar en lo secreto hace dudar de las palabras.
Hurgar me hace dudar de los humanos.
Más me amparo en tus brazos
que buscan cuidarme, y
tú, divino paradero cristalino,
¿Me dejas protegerte también?
Podemos, así,
perdernos como si, cubiertos de humo
nuestros ojos anunciaran la ida.
Podemos escapar de quienes
no prevalecen por el amor.
Y dejar que el universo entero se exalte
y honre a los hombres.
Dejar que los pájaros revelen el misterio
de su vuelo.
Caer infinitamente,
en el horizonte
y así, con nuestros pulmones
respirar el aire
que no penetra en la furia.
El aire que se abate mientras,
las almas suspiran por sus propias heridas.
Extraeré de mis entrañas
la energía inagotable y así podré,
en la profundidad de la noche,
dormir.
Dormir para poder desear despertar,
dormir para despertar a tu lado.
viernes, 2 de mayo de 2014
Incendio en Valparaíso
Prefiero
amar a un alma destrozada
no un ángel,
no un simio.
Amar lo
virginal de unos ojos
o la
silueta de una sombra.
Cogería
entre mis manos el hálito
exprimiría el
olor de la sangre
y tan
resuelto sería
mi ir y
venir cada día.
La mirada
del humo me acecha
¡Corre de
mi la mirada!
Espanté mi
vista del abandono
pues abren
las puertas hacia la salida.
El viento
confirmó sentimientos
destroza mejillas
de primaveras
el naranjo
de un otoño se replica
son uno o
dos minutos de gritos.
Y tu hálito
aún conservo
y tu sangre
aún exprimiría.
Pero un
ángel presenta sus manos
y ya no
escucho el alma destrozada.
El silbido
del fuego destrozado
me susurra
al oído su canto.
Descubro que
el ángel escapa
pues me
ampara de nuevo su sangre.
Es preciso
que el fuego ya no brote
las sirenas
hoy se silencian
el pasado
mora en esas tierras
de escombros
calcinados por el viento.
Que bella
noche de agonía,
recuerdo vestirme
de tercio pelo negro
subí las
escaleras incesantes y
suplicamos a
la obscuridad nuestra ida.
Prefiero
amar y amar a un alma destrozada
no un
ángel, no un simio,
amar lo
virginal de sus ojos
o la
silueta de su sombra.
Cogería
entre mis manos su hálito
exprimiría el
olor de su sangre
y tan
resuelto sería
mi ir y
venir cada día.
sábado, 26 de abril de 2014
Ríos corren formando el camino de un lagrimal hecho de hojas
pequeñas hojas apunto de caer.
¿Se renueva el agua si corre en círculos?
No, penetra las tinieblas de enemigos.
Se forma y contacta la dureza de cenizas
su negro y sus ojos trovadores de silencio
como un ángel observa la tormenta.
Son hielos o huellas de hielos quebrados por el frío.
Desangra su rostro impasible
que sufre el invierno superficial de lirios.
Viene a cumplir su propósito.
Se eriza y cubre con dulzura su peste.
Mora en el océano una esperanza de
encumbrar milagros viejos.
Desendemoniar a los demonios
disfrazados de humano pues gimen
y en somnolencia la rabia grotesca
derrite el frío de los hielos.
Un ángel observa la tormenta
y se alimenta.
Un ángel se viste de negro
y escapa.
Se ciñe tranquila, mientras los niños lloran por el fuego.
Pobres fríos de invierno,
de rodillas imploro clemencia.
pequeñas hojas apunto de caer.
¿Se renueva el agua si corre en círculos?
No, penetra las tinieblas de enemigos.
Se forma y contacta la dureza de cenizas
su negro y sus ojos trovadores de silencio
como un ángel observa la tormenta.
Son hielos o huellas de hielos quebrados por el frío.
Desangra su rostro impasible
que sufre el invierno superficial de lirios.
Viene a cumplir su propósito.
Se eriza y cubre con dulzura su peste.
Mora en el océano una esperanza de
encumbrar milagros viejos.
Desendemoniar a los demonios
disfrazados de humano pues gimen
y en somnolencia la rabia grotesca
derrite el frío de los hielos.
Un ángel observa la tormenta
y se alimenta.
Un ángel se viste de negro
y escapa.
Se ciñe tranquila, mientras los niños lloran por el fuego.
Pobres fríos de invierno,
de rodillas imploro clemencia.
viernes, 11 de abril de 2014
Raíces
Suelo desapegarme de mis raíces. Un tirón fuerte que deshaga
mi entierro. Creo que el pensamiento es bellísimo, más su belleza me lleva al
peligro. Me entrego a la palabra solamente para profesar el límite que cierne
la miseria de los espejismos. Estoy aterrada pues lucho contra Abril toda
noche. Más valoro mis lágrimas como nunca antes. Ocultarlas pareciera ya, no
valer la pena. Esconderme no me place y, temo porque quizás hacerlo me salve.
Me siento desnuda bajo un chorro de agua que penetra mis cavidades constantemente.
Desafío la emoción de trincheras y pues, el dolor asienta bien en esta época.
¿Cómo no temerle al placer? ¿Cómo no temerle a la belleza? Si ésta puede
adormecer nuestros sentidos. Mi racionalidad está en juego, el fuego la penetra
provechosamente. Mis labios tiritan magníficos tras una mano, o quizás un
cabello. Nadie me enseñó que aquello es malo, supuestamente todos debimos
aprenderlo poco a poco. ¿Cuándo fallé? ¿Cuándo miré hacia el cielo nebuloso con
pasión? ¿Cuándo caí en un hoyo infinito cuya infinidad me desafió? ¿Cuándo
decidí abarcar el amor con mi cuerpo hasta no poder más? Me pudro en
insignificancias que prevalecen en el tiempo. Me derrito como si el sol se
supiera mi nombre. Me adecúo a veces a mis raíces, y creo, que estas me
rechazan. El orgullo me obliga a separarme. Y ¿cómo separarme? Si estoy en este
hoyo obscuro que cae, y no deja de caerme. ¡Es dichosa la felicidad tormentosa!
Y aún sigo rasguñando las murallas.
lunes, 7 de abril de 2014
jueves, 3 de abril de 2014
Jugaba cuando pequeña a a coger flores hermosas y aplastarlas con un libro. Tenía una colección gigantesca de flores secas conservadas tras su destrucción. Juntas parecían cantarle a el pasado.
"Sabes que esos eran tiempos diferentes. Todos los poetas estudiaban las reglas del verso.Y las damas ponían los ojos en blanco" Dulce Jane escuchaba cada verso recitado para ella. Mis flores permanecían conservadas en un cofre. Lejanos uno de otro y sus pétalos atraídos por un viento helado de aquellos inviernos.
Recuerdo escribir mi primer poema sobre un pájaro a los nueve años. Un pájaro que me dejó. El pájaro también le cantaba al pasado y quizás en este caso, al futuro. Tuve un loro, su nombre era Abelardo. Solía acariciarlo hasta agotarlo, y recuerdo cuan fuerte mordía mis dedos. Mi padre también tuvo uno, de tanto cariño que le dio murió aplastado en su propia cama.
Las raíces de los árboles no existían, la superficialidad de las cosas era hermosa. Bailaba frente a una cámara puesta por mí misma en noches de aburrimiento. Solía hacer películas de terror protagonizadas por mí y solo por mí. Probablemente era un capricho. Grotesca, torpe. Me dolía todo. Lo pensaba todo. Lo escribía todo. Hoy soy grotesca, torpe y bueno, más bien lo mismo.
Creía que si escribía hacia el cielo, con el dedo danzando como si fuese una pluma, alguien leería mi secreto. Nunca esperé respuesta y nunca dudé de esa verdad. Creía que todas las cosas tenían alma interna, les llamaba su propio Dios. Luego fui inculcada católica. Lo tomé como la única puerta del camino. Y frustrada por no poder vivirlo, decidí caminar a misa cada vez que pudiese. Lo dejé un día en que sentada en la silla y arrodillada sentí mi cuerpo lleno de algo a lo que pude llamar Dios, o amor, o quizás odio. Eso no importa. Supe en ese instante que la iglesia era un contexto, más no, para mí, la respuesta.
La música la conocí más grande. Un día escuché un artista que solía decir que el verdadero amor nos encontraría al final. Creía en la muerte más no en el amor. Y ese mismo hombre decía "Respeta el amor del corazón sobre la lujuria de la carne. Hazte un favor: se tu propio salvador". Creo que nunca más volví. Me llevó un barco que partió de mi. Alejandra lo dijo con gracia. Partí rumbo al vacío pues ni el límite entre un cielo y un mar podía ver. Partí. Ni mi madre ni mi padre pudieron alguna vez despedirse. Tenía 13 años. Más fue una decisión. Nunca más volví.
La pena siempre estuvo. Lloraba y dolía la angustia. La pena la compartí con Catalina. Cartas y cartas enviadas y devueltas a los 11 años. El dolor se alimentaba de nuestras tripas y solíamos creer que de las de nadie más. Juntas nos usábamos para escapar.
Me adherí a la gente. Y solo así nunca estuve sola.
Hoy me cuestiono el valor que se necesita para vivir la cumbre de la vanguardia. Hoy me deshago de la gente y pareciera que no existe otra forma. La soledad tarde o temprano iba a llegar, ¿no es así? Solían decir que podía hacer amigos con la mirada.
miércoles, 2 de abril de 2014
Otoño
Abrir una puerta es, hoy, una travesía infinita. Miro los
ojos de quienes me siguen con cierta compasión. Pretendo en algún momento
abandonarlos. No hay promesa que supla mi fidelidad o mi próxima traición. Sí,
no encarno la bondad. Me siento todos los días a entonar mis voces para poder
desplegar de alguna forma mi vacío. Más las palabras no me son suficientes y
solo logro cada vez más acercarme a algo así como un final. Quizás sentencio el
futuro, el cual se ve efímero, quizás mis esperanzas no logran priorizar los
ruidos ajenos. Creía que unos ojos podrían siempre atraerme al lodo en el que
se sumergen todos los santiaguinos. Pero ese lodo hoy no me es suficiente.
Desde la lejanía de las tierras profundas observo. La belleza ya dejó de ser.
Mis cicatrices no conservan ninguna historia, mis dedos que tiritan se
esconden. Mi escribir se resume en el dolor y es que, ¿qué es más real que
éste? Si mi piel arde puedo atestiguarlo, si mi corazón se deshace en mil
pedazos – igual de válido – se transforma en alguna figura poética. Admito que
yo escribo poesía constantemente, pues es la única forma de apreciar mi sentir,
de guiar algo transparente hacia el color. Y sin embargo, sé que nada merece un
color.
Llevo una gran cantidad de días sin abrir ninguna puerta.
Malditas. Soy yo la que no se atreve. Sé perfectamente qué me encontraré tras
cada puerta y no quiero hacerlo. Sí, logro justificarme constantemente conmigo
misma y con quienes me escuchan sobre el porque me estanco. La gente parece
creerme y los considero unos idiotas por hacerlo.
Pongo hoy en mis manos, cubiertas, mi certeza. Estoy segura
de absolutamente nada, pues le temo a todo. No hay nada a lo que no le tema y
que no me haya consumido. Y vivo para esconderme. Palabras tristes escritas, no
tengo nada más de que escribir, cuando hablo no se me permite hablar de pena.
Solo quizás de algunos relámpagos que ocasionalmente y justificadamente caen en
mis tierras. El lodo es triste. Mi vacío no es compartible, no al menos hoy.
Podría ahora hablar del amor, más ni en el amor he encontrado descanso. Mis
gritos de ayuda, siempre patéticos, no funcionan. Creo haber sido introducida
en el lugar incorrecto, en la hora incorrecta. Más ni sé que es lo que se
supone que sea. A veces, no me queda nada más que rezar. Y si rezo por algo, es
por el amor. Hace unos años no creía en él. Recuerdo haber cuestionado a quién
por primera vez, me apuntó. –No te creo- le dije, y escapé. No escapé por el
capricho, simplemente no quería que existiese. Me implanté una máscara, la primera.
Suena un tanto ridículo hablar de máscaras a esta altura. Más conservo una
colección de ellas.
No, aún no creo en el amor, pues nada se me hace seguro hoy.
Sin embargo si es que el amor está creo haberlo vivido. No me siento orgullosa
de aquello. Tampoco me lo reprocho. Es el único elixir de salvación que he
encontrado en mis aguas. Me aprovecho. Siento el temblor y pronto las aguas me
envolverán y no me moveré. Me cubriré entera y hundiré mi cuerpo. Quizás así me
evite abrir puertas. Solo le pido a otoño que esta vez no me abandone.
martes, 1 de abril de 2014
Abril cae endemoniado en sonrisas, tan solo la tarde es hermosa
y cuando resuena la bruma como un velo grisáceo,
en medio de la luna
el soplido de un beso conserva
las penas.
Si de hojas se tratase el vivir a duras penas,
cuantas hojas contadas tendría ya mis sueños.
Un mirar precavido supone
algún cuidado,
el roce de una mano escondida
en otoño.
Traigo en mis ropas
dorados y naranjos quebrados
con lagrimas atraídas
de algún pájaro embobado.
Y es mi viente quien cuida
las huellas, las pisadas
las voces silenciosas
de algún pasado.
y cuando resuena la bruma como un velo grisáceo,
en medio de la luna
el soplido de un beso conserva
las penas.
Si de hojas se tratase el vivir a duras penas,
cuantas hojas contadas tendría ya mis sueños.
Un mirar precavido supone
algún cuidado,
el roce de una mano escondida
en otoño.
Traigo en mis ropas
dorados y naranjos quebrados
con lagrimas atraídas
de algún pájaro embobado.
Y es mi viente quien cuida
las huellas, las pisadas
las voces silenciosas
de algún pasado.
jueves, 20 de marzo de 2014
A veces escucho
las campanas de sus ojos,
desde el sol se abren
hacia mis mejillas.
Y en un palpitar perdido
recupera el tambor las notas
atrofiantes
de un mañana.
A veces el mañana
recibe tembloroso
gestos indecentes
de gente indecente.
que luchan por valorar
sus pétalos sucios y amarillos.
Y no valen nada y
a veces yo lucho por
no menospreciar
la naturaleza que engendraron
tus ojos un día azúl.
las campanas de sus ojos,
desde el sol se abren
hacia mis mejillas.
Y en un palpitar perdido
recupera el tambor las notas
atrofiantes
de un mañana.
A veces el mañana
recibe tembloroso
gestos indecentes
de gente indecente.
que luchan por valorar
sus pétalos sucios y amarillos.
Y no valen nada y
a veces yo lucho por
no menospreciar
la naturaleza que engendraron
tus ojos un día azúl.
domingo, 2 de marzo de 2014
-Persigueme y hunde el silencio de los lirios.
La sombra contrasta en un árbol grotesco y,
el alma se queda esta noche conmigo.
-Y si su tiritar cantara, me cantaría al oído
susurrando entre dientes
a ojos cerrados.
Más tarde un ejército se escondía.
Su mirar en mi,
escapaba.
De mis manos solo restos
agua salada.
De sus ojos solo pupila.
-Revolcáme yo en su suelo
-añoraba.
Triste y vagando en un pensamiento
que probablemente
no importaba.
Su abrazar en mí sostenía
como si las agujas del reloj
asomaran
impacientes.
Más bastaba lo incierto
en un camino por la noche
de sollozos
-se entregaba-.
Un pájaro no negro
-esta vez sucumbió del pantano-
apoyáse en los ojos
mis ojos.
Y dos limones exprimiendo
mis lagrimas
de pena.
Goteando en negrura
las lagrimas
en rojo.
Y sin mirar el tiempo
pasaba.
De sus manos nada soltaba.
Cicatríces
blancas
pronunciaban.
Lo que nadie acalla
en un mundo
sin palabras.
La sombra contrasta en un árbol grotesco y,
el alma se queda esta noche conmigo.
-Y si su tiritar cantara, me cantaría al oído
susurrando entre dientes
a ojos cerrados.
Más tarde un ejército se escondía.
Su mirar en mi,
escapaba.
De mis manos solo restos
agua salada.
De sus ojos solo pupila.
-Revolcáme yo en su suelo
-añoraba.
Triste y vagando en un pensamiento
que probablemente
no importaba.
Su abrazar en mí sostenía
como si las agujas del reloj
asomaran
impacientes.
Más bastaba lo incierto
en un camino por la noche
de sollozos
-se entregaba-.
Un pájaro no negro
-esta vez sucumbió del pantano-
apoyáse en los ojos
mis ojos.
Y dos limones exprimiendo
mis lagrimas
de pena.
Goteando en negrura
las lagrimas
en rojo.
Y sin mirar el tiempo
pasaba.
De sus manos nada soltaba.
Cicatríces
blancas
pronunciaban.
Lo que nadie acalla
en un mundo
sin palabras.
sábado, 1 de marzo de 2014
Obeja
Trato de componer en mi cuerpo
la justa presencia de vida
que en alma recorre su torso
que gritan sus ojos de agua.
Brota en mi una flor,
flore que recorre los ríos
buscando un signo que conmueva
al infante suicida.
Y fuerte pronuncia el suelo
que su mirar en mi figura-
Complace su escencia mi cuerpo
conciente de sí es su vida.
Que nace y deshace los vientos,
sumergen de mi la salida.
Encuentro y pierdo los muertos
que así se tritrura enseguida.
la justa presencia de vida
que en alma recorre su torso
que gritan sus ojos de agua.
Brota en mi una flor,
flore que recorre los ríos
buscando un signo que conmueva
al infante suicida.
Y fuerte pronuncia el suelo
que su mirar en mi figura-
Complace su escencia mi cuerpo
conciente de sí es su vida.
Que nace y deshace los vientos,
sumergen de mi la salida.
Encuentro y pierdo los muertos
que así se tritrura enseguida.
El agua se refleja obscura y siniestra
-cual atardecer de primavera-
y me acompaña en mis vísceras
el calor.
La noche fría se acerca y
una vez más temen mis labios
por quebrarse para siempre.
Hoy sueño mi vida
como una esperanza del pasado
que atraviesa el mirar
de mis ojos esta mañana.
La imposibilidad de lo real
me obliga a llorar
cuantas lagrimas sean suficientes
por complacer el luto de antaño
y conmemorarlo hasta que
mi timidez no de a basto.
Hasta que pueda tan solo
abrazar mis propios brazos.
Mas me engaño
pues la lucha se asoma toda noche
y recuerdo
que no puedo vivir con su ausencia.
-cual atardecer de primavera-
y me acompaña en mis vísceras
el calor.
La noche fría se acerca y
una vez más temen mis labios
por quebrarse para siempre.
Hoy sueño mi vida
como una esperanza del pasado
que atraviesa el mirar
de mis ojos esta mañana.
La imposibilidad de lo real
me obliga a llorar
cuantas lagrimas sean suficientes
por complacer el luto de antaño
y conmemorarlo hasta que
mi timidez no de a basto.
Hasta que pueda tan solo
abrazar mis propios brazos.
Mas me engaño
pues la lucha se asoma toda noche
y recuerdo
que no puedo vivir con su ausencia.
Escucho tu nombre en silencio
callado pues se escapa de palabras
un ave germina en mi vientre
y es para tí.
Mis labios añoran besar la piel
que nunca alcanzé, más
las flores recitan todos los días
cantos hermosos para tí.
Hay un sendero todas las noches
que iluminado por fuegos
me obligo a seguir
y caigo en la gracia de tus manos
manos que
solo fueron para mí.
Escucho en el impulso de las aguas
tu voz cantándome dulcemente
y lloro pues,
yo debí cantarte a tí.
Con el cielo gris de un invierno en verano, y el pantano verde que acoge troncos, me despido asustada de la sombra en sueños. Me despido cubierta de musgo y pétalos. Abandono la cara fúnebre de abril como el paso lento de una vaca que se entrega torpemente a un chillido. La noche negra brotó en mis ojos mientras largas huellas destruían el camino. Sus pequeños pies marcados en unos insoportables zapatos de porcelana. La porcelana de un medallón hoy colgaba (de) mi pecho. Ardía su fuego, apretaba mi torso y exprimía sudor de aquellos, mis poros. Con la mano izquierda cubrí el collar y atesoré la desgracia de mierda. Hoy me despido de un largo viaje que atraviesa mi alma como ningún otro. Me despido de sus cálidos besos en un invierno en verano.
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