sábado, 17 de enero de 2026

Hamnet

La tragedia de la familia de Shakespeare: cómo Hamnet se convirtió en una  de las cintas más aclamadas del último año - La Tercera

Hamnet (2025)

Sobre como la ficción hace posible la magia. 

Revivir. Cortar el tiempo. 

Del dolor a la creación.


__

Película dirigida por Chloé Zhao, basada en la novela de Maggie O'Farrell sobre la familia de William Shakespeare, centrada en la pérdida de su hijo Hamnet a los 11 años, e interpretada por Jessie Buckley y Paul Mescal. Trabajo de fotografía de Lukasz Zal y la música de Max Richter

Presentación líquido amniótico

Tomo una avión y perdida aterrizo fuera de mi borde. Estoy hecha escombros. Sin casa, sin personas a mi alrededor. Pero de las cenizas nacen flores, y entre las ruinas quedan recuerdos. En medio de ese dolor y de la experiencia que es migrar deja de aterrarme la potencia de lo muerto. Me niego a mirarme deshecha como me vivía. Sin dejar de habitarme llena de nudos y fantasmas comienzo a escribir. No por primera vez. Pero por primera vez en aquella piel que ya no es la de ahora. He ahí la brecha entre lo que puede un cuerpo y su valor. Solo ahí comprendí lo bello del oficio que es juntar palabras. En medio de ese dolor, nunca vi a nadie más de pie que yo. Bajo esa muerte mi deseo emerge. 

Quizás buscaba sobarme en la sangre que había emanado de la herida. O verla chorrear de la boca de otra persona. Inventar un otro que sufra para externalizar huecos o saber que alguien cerca de mi puede defenderse del caos. Mientras escribía colgaba panfletos en las murallas de mi casa en una ciudad a la que yo no le pertenecía. Al esconder los papeles para no parecer loca frente a huéspedes se descascaró el muro. Una palabra escrita es eso. No se borra. Rompe. Ensucia.

¿Se escribe para los vivos o para los muertos? Dejar por escrito es un intento de plantar el permanecer. Este libro pulsa para el otro lado. La carta a un muerto, para sostener su vivir un ratito más.  

Celeste está afligida justamente por estas cosas: por la muerte, los recuerdos, las perdidas, el borrado. Y le toca escribir las memorias de Gabriela que se desvanecen. Celeste está en duelo. Pero el duelo es justamente el tiempo y el espacio para reconciliarse con los fantasmas. La aflicción por la muerte es el camino hacia comprender el enredo de vivir y morir. Escribí esta historia para hablar de ese sendero. A ella le aterra recordar y a Gabriela, la anciana, le aterra el olvido. Ambas son sostenidas por la misma herida: lo que ya no está organiza sus modos de vivir en este mundo ¿No somos siempre eso?

Me alío con el horror. No me gusta consolar. Creo que hay que saber hundirse. Si logramos ver el duelo como la perforación que es, la vida emerge disponible y abierta. Necesitamos tiempo para el fracaso, lo decadente, lo disfuncional. Necesitamos huecos para lo abyecto, lo desastroso, lo feo y lo sucio. Necesitamos cohabitar con el sufrir. Hay que dejar de limpiar al humano. Estamos dentro y somos parte del deshacer.

Corro el peligro del esencialismo. Pero para mi es una apuesta por el deseo. No hay deseo sin la ausencia. ¿Cómo construir un mundo nuevo si no amamos los pedazos rotos? Sin la falta perdemos el deseo. Aún a pesar de esto los humanos creamos guerras para llenarnos. Ojalá cubrir nuestros cuerpos con esa idea, para desear no hay que llenarse de nada, solo explorar la ausencia. 

Hay un primer desgarro que nos cruza a todos. Es la de la madre cuando rompe el líquido amniótico. Esa pérdida la viven los amniotas (mamíferos, aves y reptiles). El viaje sin maleta del adentro indiferenciado al afuera separado. Sin aquél primer dolor no habría deseo. Antes, había cuerpo suspendido que flota, cuerpo colmado, cuerpo sin sombra.  ¿No es esa la melancolía? No existe el amor si no existe la muerte. 

Estamos en la lucha equivocada. Tanto erradicar el cuerpo sucio nos lleva a olvidarnos justamente de vivir y del amor. Nuestros mundos nos piden higiene, funcionalidad, productividad, blancura, pero el dolor si lo intentamos limpiar, solo aumenta. La herida se pudre. La enfermedad arremete. 

Higiene, limpieza, salud pero el cuerpo habla, grita desesperadamente, escribe y llora con palabras que en realidad se nos hacen incomprensibles. Llora porque ruega poder cruzar los bordes de lo que se le permite. Anida la desobediencia. 

En la ficción de escribir la memoria de otra, se crea memoria que va más allá de la escritura. El vínculo entre Celeste y Gabriela traspasa esa materialidad de la palabra. A pesar de que su memoria se incendia, su cuerpo permanece. La memoria como una casa.

La ficción es la posibilidad de vivir y de morir, de revivir y volver a morir. De transitar esta vida creyendo en la magia, de aprender a llorar la muerte con. 

Yo quiero amar sincera y desgarradamente, porque todas las cosas se descomponen, se caen o se marchitan, porque yo soy una de esas cosas. 

Escribir este libro fue vivir el desgarro sin la vergüenza. Saltar al abismo. Tomar el riesgo de la escritura. Y, gracias a eso, volver a amar y morir otra vez.